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Las “explosivas” habichuelas con dulce y otros antojitos de Semana Santa

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InformadoRD, SANTO DOMINGO.- Los platos más clásicos y variados se despliegan sobre la mesa, embellecen los hogares, encienden el apetito y se ponen en fila para ser devorados en Semana Santa. Muchos esperan este feriado para saciar sus antojos.

La creatividad es la marca mayor de la Semana Mayor. Las apuestas culinarias son tan exuberantes como localidades tiene el país. Los platos exhiben diferencias entre uno y otro pueblo. Crear es variar. Así, se rompe la monotonía del año y asoman los guisos más apetitosos, esos que le sacan chispa al paladar. Estas delicias sirven para digerir la tradición crística del asueto.

Es una época de remembranzas y reflexiones, pero también lo es de antojitos. Las clásicas habichuelas con dulce, un chacá bien preparado, un sabroso majarete, una empanadita caliente derritiéndose en la boca… irresistible. Es tiempo de comer y de antojarse.

La carne se va retirando, como si ella misma ayunara. En Santiago y otros puntos del Cibao se come mero, moro de guandules con bacalao, ensalada verde, pescado frito, torrejas de berenjena. No hay carne el Viernes Santo. Es el día más solemne: no se alza la voz, se come despacio, no se le pone la mano a nada. Todo se detiene para que transcurra en cámara lenta.

El patrón culinario se repite en gran parte del sur: ausencia de carne terrestre y mucho arroz blanco, bacalao, pescado, habas, víveres. En San Juan se preparan habas con dulce, chacá, bacalao, pescado, locrio de arenque, buñuelos, ensaladas.

En Hato Mayor y otras partes también se hacen jalea y habas con dulce, una variante de las clásicas habichuelas. Unas y otras son una delicia culinaria. En San Francisco de Macorís reina el majarete, abunda la jalea de batata y se «jartan» de arroz con leche.

Las habichuelas con dulce son la reina de Semana Santa: están por doquier, adornan cada esquina, decoran cada barrio. Frías o calientes, no importa: bajan bien comoquiera. En algunas casas se preparan por montón, y siempre se comparten con los vecinos. Es una comunión de todos y para todos.

Otra reina del asueto son las piscinas, esas que nunca faltan y abundan en el fulgor de la primavera. En abril se ha ido el invierno, la temperatura se va enfureciendo, el calor se dispara y el sudor sale a chorros. No cae nada mal un chapuzón casero a las puertas del implacable verano. Y más si ese chapuzón va acompañado de unas sabrosas habichuelitas con dulce.

Es verdad que las libras que se ganan en Semana Santa se pierden, pero solo para ser ganadas otra vez en diciembre. Cada año es igual.

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