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“El sueño americano ha muerto”: La migración inversa provocada por Trump
En Cartí Sugdupu, Panamá, Saudy Palacios cruzó la temida selva del Tapón del Darién, en la frontera entre Panamá y Colombia, soñando con una vida nueva en Estados Unidos. Ahora, decepcionada por las políticas de inmigración del presidente Donald Trump, regresa a Venezuela por mar, con sus esperanzas destrozadas.
Actualmente, cientos de migrantes, incluidos numerosos niños, toman lanchas desde Cartí, en la región indígena de Guna Yala, Panamá, hacia el sur. Inician un viaje marítimo de aproximadamente 12 horas hacia el puerto de Necoclí, Colombia, para después continuar por tierra, la mayoría rumbo a Venezuela.
Intentan evitar los controles terrestres y el peligroso cruce por la selva del Darién, una ruta plagada de bandas criminales y otros riesgos que ya enfrentaron meses atrás en su camino hacia el norte.
El riesgo sigue siendo alto. Trágicamente, una niña venezolana de ocho años falleció el viernes al naufragar un bote con unos veinte migrantes.
Los migrantes están desilusionados y tristes, enfrentándose a una política de inmigración estricta impuesta por Trump, caracterizada por redadas y deportaciones de personas en situación irregular hacia diversos países, incluso hacia la base estadounidense en Guantánamo, Cuba.
Además, se eliminó la aplicación móvil CBP One, que permitía a los migrantes programar citas para solicitar asilo. “El sueño americano ya no existe”, lamenta Palacios, de 27 años, que volvía desde México con su hijo de 11 años y su esposo.
Esperando la lancha en el deteriorado muelle de Cartí Sugdupu, Palacios y su familia han invertido más de 2.000 dólares solo en el regreso, esperando que sus familiares en Venezuela puedan enviarles 250 dólares para cubrir el costo del bote.
– “Lo peor en mi vida” –
La mayoría de los migrantes regresa desde México sin documentos y endeudados, después de haber gastado entre 5.000 y 10.000 dólares en su viaje. Han dormido en refugios o en las calles, sufriendo hambre y vendiendo dulces en semáforos para sobrevivir y financiar su regreso.
Cuando Astrid Zapata llegó a Costa Rica desde México, lo primero que hizo fue colocar la bandera de Venezuela en su nuevo hogar temporal, expresando su temor por el reingreso a la selva: “Ya no hay futuro en Estados Unidos”, afirma.
Karla Peña, de 37 años, describe la selva del Darién, por donde pasaron 300.000 migrantes en 2024, como “lo peor en mi vida”. A pesar de las dificultades, volver a México no era una opción debido a la violencia y la extorsión de bandas criminales.
– “Empezar de cero” –
María Aguillón, que salió de Ecuador con su familia en busca de seguridad y una vida mejor, busca ahora rehacer su vida en Costa Rica tras ser separada de su marido por deportación.
Yaniret Morales, de 38 años, planea regresar a Venezuela solo para reunir fondos y emigrar a otro país, descartando Estados Unidos como destino.
Aunque los gobiernos centroamericanos intentan gestionar la migración inversa, el proceso es caótico. Panamá y Costa Rica albergan a migrantes en centros de refugio en áreas remotas, a pesar de las promesas de vuelos humanitarios.
“Volvemos con los sueños rotos a nuestro país”, concluye Palacios.
mis/lbc
© Agence France-Presse
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