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Video | “¡Pilotados por un ciego!”: Vientos de inclusión en Río de Janeiro

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Fernando Araújo siente la suave brisa marina acariciar su rostro mientras sostiene el timón del velero que navega por la bahía de Río de Janeiro. A pesar de no poder apreciar el majestuoso paisaje que lo rodea, navega con confianza.

“¡Están siendo guiados por un ciego!”, comenta entre risas a los otros navegantes, que incluyen a cuatro personas con discapacidad visual o auditiva, además de varios instructores.

Durante tres días intensos, este grupo recibió capacitación teórica y práctica a bordo de embarcaciones en una marina privada de Río, frente al icónico Pan de Azúcar.

La experiencia culminó con una travesía por las aguas de la bahía de Guanabara en un velero monocasco de 40 pies.

“Es algo muy diferente. Nunca pensé que pilotearía un barco”, afirma Araújo, de 31 años, quien perdió la vista al nacer.

“Por lo general, las personas con discapacidad suelen estar aisladas en sus casas y no se atreven a probar cosas nuevas. A mí me apasionan los deportes extremos, así que esta experiencia me cautivó también”, relata a la AFP.

Gracias a su aguda percepción en los otros sentidos, es capaz de sentir claramente las oscilaciones del velero bajo sus pies y la dirección del viento, que utiliza como guía.

Además, se dio cuenta de que su experiencia como atleta profesional de skate adaptado le resultó útil para navegar.

“Con esa conexión sensorial, creo que logré mantener muy bien el rumbo del barco”, dice orgulloso Araújo.

“Creo que todos pueden lograrlo, pero verdaderamente la sensibilidad de ellos es impresionante. Manejar un barco de este tamaño y peso y acertar milimétricamente en el rumbo es realmente extraordinario”, comenta Juliana Poncioni Mota, fundadora de la organización conservacionista Nas Marés y líder del proyecto “Navegando con Sentido”.

Además de ofrecer talleres de vela para personas con discapacidad, la iniciativa busca capacitar en prácticas inclusivas.

Poncioni, regatista e ingeniera ambiental, recuerda que la idea surgió cuando navegó con Pedro, un niño ciego de 13 años, y se dio cuenta de que expresar “mira qué lugar tan bonito” no tenía sentido.

“Esa fue mi primera experiencia que me llevó a replantear cómo hablar y cómo traducir lo que veo a alguien que no tiene esa percepción”, dice.

Brasil, con una población de 210 millones, cuenta con 6,5 millones de personas con discapacidad visual y 2,3 millones con discapacidad auditiva, según el instituto de estadísticas IBGE.

La ley brasileña de inclusión, aprobada en 2015, estableció parámetros para garantizar la participación de personas con discapacidad en actividades deportivas y recreativas.

“Yo nací con discapacidad visual, tengo 44 años y noto que desde hace unos 10 años las cosas son mucho más accesibles comparado con hace 30 años” para practicar deportes, reflexiona Eduardo Soares, profesor de educación física y montañista que viajó desde Sao Paulo para participar en este taller de vela.

Los instructores explican sin cesar mientras se mueven entre la proa y la popa, describiendo con minuciosidad la ubicación y las características del timón, el mástil, la botavara, las velas y el cabo de amarre.

El tacto es igualmente esencial: el aprendiz y el instructor recorren el barco tocando cada forma y elemento a bordo.

Una de las participantes con deficiencia auditiva cuenta con una traductora de lenguaje de signos.

Rodrigo Machado, de 45 años y también ciego, menciona que para navegar “hay que estar muy atento a todo. Babor, estribor… Percepción constante”.

“Pero tienes que trabajar eso en la mente, sin necesidad de ver. Esto también ocurre en nuestra vida cotidiana: en la calle intentamos no chocar con nada, es algo natural”, añade este exnadador paralímpico, quien está comenzando en la vela.

Los aprendices repasan con sus manos un modelo a escala del velero, así como una ballena jorobada, puesto que la expedición también busca avistar algún ejemplar.

Entre junio y agosto, estos enormes cetáceos se acercan a la costa de Río en su migración desde la Antártida hacia aguas más calidas para reproducirse.

La embarcación incluye un sistema de micrófonos que se sumerge en el mar para captar el canto de las ballenas.

Aunque esta vez no se avistaron, aseguran que la experiencia de navegar se repetirá.

creditos de las imagenes de este post: Robertocavada.com

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