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¿Se convertirá el espacio en un vertedero? Innovaciones frente a un problema que requiere regulación – RC Noticias
¿Se convertirá el espacio en un basurero? La ingeniera Úrsula Martínez, del centro E-USOC, advierte que este problema real necesita regulación. En una entrevista con EFE, la experta analiza los avances en sostenibilidad espacial: desde paneles solares enrollables hasta la investigación de impresión 3D a bordo de las naves. Actualmente, los residuos espaciales implican pequeños impactos. “No es catastrófico”, pero sí “muy difícil de prever; hay fenómenos muy caóticos”, asegura la ingeniera aeroespacial tras la misión Artemis II a la Luna. El E-USOC (European Space Agency – University User Support and Operations Centre), al que pertenece la experta, es un centro de apoyo a la investigación espacial gestionado por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y vinculado a la Agencia Espacial Europea (ESA). Es el único centro de control español y uno de los siete europeos delegado por la ESA para la preparación y ejecución de experimentos en la Estación Espacial Internacional. “Con el ratio actual de lanzamientos y ocupación de órbitas, habrá problemas en el futuro; habrá que regularlo y gestionarlo de alguna manera”, explica la ingeniera, que es investigadora y profesora de la UPM. Dado “el aumento exponencial” de satélites y otros cuerpos en órbita, es muy difícil tenerlos a todos monitorizados y conocer siempre su ubicación exacta. “Es una preocupación real en la investigación, la industria espacial y todo el sector”, ha resaltado. Si un satélite o parte de un cohete sufre una colisión o explosión, se generan muchas partículas; incluso milimétricas pueden dañar paneles solares de naves, reduciendo su eficiencia energética y generando aún más partículas. “Son reacciones en cadena”, advierte.
“Estamos a tiempo de hacer cosas” para prevenir problemas serios, explica Úrsula Martínez, destacando el impulso que la exploración espacial ha dado a la innovación, tanto en la Tierra como en el espacio. Uno de los avances tecnológicos más recientes son los “paneles solares enrollables” muy eficientes y ligeros, que se han instalado en la Estación Espacial Internacional, que funciona solo con energía solar, para sustituir a los que operaron durante décadas y han perdido eficiencia. Este tipo de paneles podría desplegarse en la Tierra, en lugares remotos, para generar electricidad a partir del Sol, ya que su transporte e instalación son más sencillos.
En temas de circularidad, uno de los procesos más impactantes de la Estación Espacial Internacional es el “ciclo hídrico cerrado”: se reciclan la orina, el sudor y la humedad ambiental. La orina, por ejemplo, se destila al vacío, debido a la falta de gravedad, se filtra, se trata químicamente, se eliminan olores y se desinfecta. La ingeniera señala que existe cierto “prejuicio” con este proceso, pero se lleva implementando desde hace más de una década. En un entorno tan reducido como la Estación Espacial, puede resultar “chocante”, pero es algo natural en la Tierra; globalmente, el ciclo del agua también es cerrado. Más del 90 % del agua consumida en la Estación Espacial se reutiliza. El ahorro de recursos en el espacio es clave, añade la ingeniera. “Se optimizan los recursos energéticos, hídricos, lo que consumen los astronautas…; se intenta no malgastar absolutamente nada.” Sin embargo, hay residuos que aún no se sabe cómo reciclar: envases, plásticos, jeringuillas…
Los residuos se introducen en una pequeña nave que se acopla temporalmente en la Estación Espacial Internacional. Previamente ha llegado a su destino cargada de comida, utensilios, recursos y equipamientos científicos, que una vez retirados dejan espacio para la basura. Luego, esta nave se desacopla y regresa a la Tierra de manera controlada, pero ardiendo en su trayecto al entrar en contacto con la atmósfera. “Así es como los astronautas sacan la basura”, según la experta.
Por otro lado, existen líneas de investigación para reutilizar materiales y producir filamentos, por ejemplo, de plástico para impresiones 3D y fabricar nuevos objetos dentro de las naves espaciales. También se trabaja en el desarrollo de satélites más modulares, que compartan la manera de unirse unas piezas a otras, estandarizando un poco todo. Por ejemplo, para que los satélites puedan ser reparados en órbita, reutilizando piezas. En la Universidad Politécnica de Madrid, Úrsula Martínez investiga sobre materiales para dispositivos de control térmico aplicables a satélites y naves espaciales, así como en aplicaciones generales en microgravedad o “gravedad cero”. Son materiales cuya característica fundamental es su transición de líquido a sólido y la energía que son capaces de almacenar o liberar en esa transición; estos se utilizan en viviendas, construcción, para soportar mejor las temperaturas. “Incluso en textiles, como ropa deportiva, que incorporan cápsulas con estos materiales para mantener al usuario a una temperatura constante.” La experta plantea su aplicación, entre otras cosas, para hábitats, para mantener entornos más agradables y energéticamente eficientes, por ejemplo en otros planetas sin atmósfera como la terrestre o en naves espaciales.
creditos de las imagenes de este post: Robertocavada.com




