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¿Por qué eligió Super?
La Fuerza Aérea Uruguaya ha comenzado a incorporar sus primeros Embraer A-29 Super Tucano, una adquisición que tiene un valor aproximado de casi USD 100 millones, constituyendo así la mayor inversión aeronáutica de su historia reciente. Esta operación no solo reemplaza una flota que había llegado al final de su vida útil, sino que también representa una definición estratégica: en lugar de sumarse a la carrera regional por adquirir cazas supersónicos, Uruguay ha decidido fortalecer sus capacidades esenciales para cumplir con sus misiones.
En Infobae al Mediodía, el analista internacional Andrei Serbin Pont destacó que esta compra representa mucho más que un simple cambio de aeronaves. Para él, es un ejemplo de cómo un país con recursos limitados puede establecer una política de defensa eficiente sin perder de vista sus necesidades operativas.
“La maravilla de esta adquisición es que adapta las Fuerzas Armadas a la realidad presupuestaria uruguaya. Tienen que ser lo más eficientes y pragmáticos posibles para cumplir con las funciones que realmente necesitan”, dijo.
Uruguay ha incorporado seis Embraer A-29 Super Tucano por casi USD 100 millones para modernizar su Fuerza Aérea.
Una decisión que comenzó por las misiones, no por el avión
Era urgente renovar la flota. Los IA-58 Pucará, fabricados en Argentina, fueron retirados del servicio en 2017, y los A-37 Dragonfly estadounidenses están en sus últimos años de operación. Ambos modelos, tras décadas de servicio, ya no satisfacen las exigencias actuales de la Fuerza Aérea Uruguaya.
No obstante, la discusión no se centró únicamente en qué avión comprar. Como explicó Serbin Pont, el enfoque inicial fue identificar las tareas que la fuerza debía cumplir en los próximos años y, a partir de ahí, buscar la plataforma más adecuada a esos requerimientos.
Las prioridades se definieron claramente: vigilancia y policía aérea, patrullaje de fronteras, reconocimiento, apoyo aéreo cercano y entrenamiento avanzado de pilotos. Ninguna de estas misiones requería un caza supersónico, sino una aeronave confiable, versátil y con costos operativos alineados al presupuesto de Uruguay. En este contexto, el Super Tucano comenzó a destacarse entre las alternativas.
Las aeronaves Embraer A-29 Super Tucano vuelan en formación al llegar a Luque, Paraguay, el 30 de junio de 2025.
El equilibrio entre capacidades y costos
Fabricado por la brasileña Embraer, el A-29 Super Tucano es un avión turbohélice diseñado para operar en escenarios donde la versatilidad es más importante que la velocidad. Puede llevar a cabo tareas de entrenamiento avanzado, vigilancia, intercepción de aeronaves de baja velocidad, patrullaje fronterizo, reconocimiento y apoyo aéreo cercano, además de operar desde pistas semipreparadas, una característica valorada por muchas fuerzas aéreas.
Su principal ventaja radica en el aspecto económico. “Adquirir aviones a reacción es considerablemente más caro. La decisión fue estandarizar la flota y reemplazar ambos sistemas con una sola plataforma moderna”, explicó Serbin Pont.
La diferencia en los costos operativos es significativa. Mientras que un F-16 puede costar alrededor de USD 10.000 por hora de vuelo, el Super Tucano ronda poco más de USD 2.000. Esta diferencia permite un mayor nivel de entrenamiento, incrementa la disponibilidad de aeronaves y asegura una presencia aérea constante sin comprometer el presupuesto de defensa.
La inversión, además, no se limitó a las seis aeronaves. El contrato incluyó simuladores, equipos de misión, capacitación para pilotos y técnicos, repuestos y soporte logístico integral, garantizando así la operación del sistema en los próximos años.
La Fuerza Aérea Uruguaya priorizó una plataforma turbohélice, pues operar un Super Tucano cuesta poco más de USD 2.000 por hora, en comparación con USD 10.000 de un F-16.
Un avión probado en todo el mundo
La elección no fue una apuesta experimental. El Super Tucano se ha consolidado en las últimas dos décadas como uno de los mayores éxitos de exportación de la industria de defensa brasileña.
Con más de 260 unidades vendidas, presencia en 22 fuerzas aéreas y más de 570.000 horas de vuelo acumuladas, la aeronave ha ganado prestigio por combinar una elevada disponibilidad operativa con bajos costos de mantenimiento. Esa fórmula explica por qué muchos países de América Latina, África y Asia han optado por este modelo para modernizar sus flotas sin asumir el costo de operar cazas de altas prestaciones.
Para Serbin Pont, esta experiencia internacional también reduce los riesgos asociados a la compra. Uruguay no está adquiriendo una plataforma novedosa, sino un sistema ampliamente probado y respaldado por una cadena logística consolidada en la región.
Una estrategia distinta a la de sus vecinos
La incorporación del Super Tucano se da en un contexto regional marcado por significativos programas de reequipamiento militar. Argentina ha iniciado la recepción de los F-16 adquiridos a Dinamarca, mientras que Brasil continúa ampliando su flota de cazas Gripen.
La decisión de Uruguay se diferencia de la de Argentina y Brasil porque ha optado por no competir con los F-16 y los Gripen, priorizando en cambio capacidades acordes a su presupuesto de defensa.
No obstante, Serbin Pont enfatiza que Uruguay nunca buscó competir en ese terreno. “¿Necesitarán aviones para competir con los F-16 que Argentina está comprando? Claramente no. ¿Buscarán un caza para competir con los Gripen brasileños? Tampoco”, aseguró.
La diferencia radica en la función que cada país espera de su fuerza aérea. Mientras que las grandes potencias regionales requieren controlar la superioridad aérea, Uruguay prioriza el control de su espacio aéreo, la vigilancia de fronteras y el entrenamiento de sus pilotos. Desde esta perspectiva, adquirir un caza supersónico habría implicado asumir costos mucho mayores sin obtener un beneficio proporcional.
Las alternativas que quedaron en el camino
Antes de cerrar el acuerdo con Embraer, Montevideo evaluó diversas propuestas disponibles en el mercado, incluyendo el M-346FA italiano, el L-39NG checo, el L-15 chino, el BAE Hawk británico, el IA-63 Pampa III argentino e incluso cazas F-5 de segunda mano.
Finalmente, la combinación de costos de adquisición, operación, respaldo logístico y experiencia internacional inclinó la balanza hacia la opción brasileña.
El BAE Hawk británico, el IA-63 Pampa III argentino y los cazas F-5 de segunda mano también fueron considerados.
Respecto al Pampa III, Serbin Pont señaló que es una plataforma con buenas capacidades, aunque reconoció que la industria argentina aún enfrenta dificultades para ofrecer un servicio postventa competitivo, un aspecto clave para cualquier fuerza aérea que integre un nuevo sistema de armas.
El especialista también destacó la estrategia negociadora de Montevideo durante el proceso de compra, subrayando que Uruguay dejó entrever la posibilidad de avanzar con una alternativa china para aumentar la competencia entre proveedores occidentales y obtener mejores condiciones económicas.
Una compra que refleja una forma de pensar la defensa
Más allá del modelo escogido, Serbin Pont afirmó que la operación brinda una lección sobre cómo los países medianos pueden planear sus inversiones militares. En lugar de enfocarse en el avión más sofisticado o con mayor impacto político, Uruguay definió primero qué capacidades necesitaba preservar y buscó la plataforma que mejor respondía a esos objetivos.
La compra de los Super Tucano reemplaza a los IA-58 Pucará y a los A-37 Dragonfly, que ya no satisfacen las exigencias actuales.
La incorporación de los Super Tucano no altera el equilibrio militar en Sudamérica ni busca hacerlo. Su verdadero valor radica en asegurar que la Fuerza Aérea Uruguaya mantenga una capacidad operativa acorde con las misiones asignadas por el Estado, sin comprometer la sostenibilidad presupuestaria en las próximas décadas.
En este sentido, la compra trasciende el simple reemplazo de dos modelos históricos y se convierte en una declaración de principios sobre cómo entender la defensa en un país con recursos limitados. Antes de cuestionarse contra quién debían competir, Uruguay definió qué necesitaba hacer con su fuerza aérea. Solo después eligieron el avión.
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