Al llegar la Navidad, en los hogares dominicanos se enciende el fogón y se forma el coro alrededor de la mesa. Estas fechas son impensables sin la comida típica que, año tras año, reúne a la familia completa, desde el más pequeño hasta el tío que nunca falta, para compartir y celebrar en grande.
El cerdo asado es el protagonista de la Nochebuena. Bien doradito y jugoso, es el plato que casi nunca falta. Junto a él, los infaltables pasteles en hoja, hechos con víveres rallados y rellenos de carne, envueltos en hoja de plátano, que al abrirse desprenden ese aroma que anuncia que la Navidad llegó.
En la mesa también se hacen presentes el arroz navideño o moro especial, bien cargado de sabor, junto a la clásica ensalada rusa, que aporta color al plato. No faltan el pollo horneado, las empanaditas y otros antojitos que dependen de la casa, porque aquí cada familia tiene su truco y su sazón.
Y cuando se habla de postre, las habichuelas con dulce son la estrella. Ese caldero que se reparte entre vecinos, amigos y familiares es tradición pura.
Para brindar, el ponche crema se sirve frío y no puede faltar, porque sin eso, dicen muchos, la noche no se siente completa.
Más que comida, estos platos representan la chercha, la unión y el orgullo de ser dominicano. En cada bocado hay historia, costumbre y ese sabor criollo que hace que la Navidad en República Dominicana se viva, se goce y se sienta de verdad.
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