Un misil lanzado por fuerzas iraníes impactó este jueves la refinería de Haifa, el principal centro de procesamiento de petróleo en el norte de Israel.
El Ministerio de Energía confirmó que el ataque provocó una interrupción del suministro eléctrico en una parte de la ciudad portuaria, aunque enfatizó que no hubo daños estructurales severos ni víctimas.
“El daño a la red eléctrica en el norte es localizado y no significativo”, afirmó el ministro Eli Cohen, quien aseguró que la electricidad fue restaurada a casi todos los afectados en menos de una hora.
La ofensiva fue reivindicada por la Guardia Revolucionaria iraní, que alegó haber lanzado misiles de precisión contra la instalación energética y otras infraestructuras estratégicas en Israel, incluyendo la ciudad de Ashdod y centros militares.
Equipos de bomberos y especialistas en explosivos llegaron a varios puntos del área metropolitana de Haifa para evaluar la presencia de fragmentos interceptados y posibles riesgos de materiales peligrosos.
Se observó humo saliendo de una refinería de petróleo dañada en un ataque iraní en Haifa, Israel (REUTERS/Sharon Sztrozenberg)
La policía local indicó que no se reportaron heridos y que la situación estaba bajo control tras el operativo de emergencia.
El ataque se da en un contexto de escalada regional, donde la infraestructura energética se ha convertido en objetivo de alta prioridad tanto para Irán como para sus competidores.
La refinería de Haifa ya había sido blanco en episodios anteriores, como en junio de 2025, cuando un misil iraní causó la muerte de tres personas y detuvo temporalmente las operaciones. Desde entonces, la instalación ha mejorado sus protocolos de seguridad, pero la amenaza de nuevos ataques permanece alta, especialmente con el aumento de bombardeos en la zona norte de Israel por parte del grupo terrorista Hezbollah.
En los últimos días, esta organización extremista ha intensificado sus ataques contra comunidades fronterizas, llevando a las autoridades locales a aumentar la presencia militar y a mantener protocolos de alerta permanente para la población civil.
Paralelamente, la campaña de ataques contra infraestructuras energéticas se ha expandido a otras partes del Golfo. Misiles y drones iraníes han causado incendios en la mayor planta de gas natural licuado de Qatar, así como en refinerías de Arabia Saudita y Kuwait.
El gobierno de Doha denunció “daños extensos” en la zona industrial de Ras Laffan, mientras que Riad y Kuwait informaron sobre incendios en instalaciones clave para la exportación de crudo.
Las autoridades saudíes advirtieron que se reservan el derecho a responder militarmente, mientras la comunidad internacional sigue con preocupación el impacto de los ataques en el suministro energético global.
El precio del petróleo mostró una fuerte volatilidad tras los incidentes, con el crudo Brent superando los 110 dólares por barril antes de estabilizarse. Los mercados de gas en Europa también experimentaron subidas de hasta 35%, reflejando el temor a una interrupción prolongada del flujo de hidrocarburos debido a la escalada militar.
Las reacciones políticas también fueron rápidas. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró que no hay un plazo definido para concluir la guerra y advirtió que su administración responderá “con furia” si Irán sigue atacando infraestructuras energéticas en el Golfo.
“Claramente, se necesita dinero para eliminar a los enemigos”, comentó el secretario de Defensa estadounidense, señalando la posibilidad de un aumento en el presupuesto militar para mantener la campaña.
Por su parte, las principales potencias europeas expresaron su preocupación por el riesgo de una crisis energética global y se comprometieron a reforzar la protección del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz.
Francia, Reino Unido, Alemania, Italia, Japón y los Países Bajos anunciaron su disposición a participar en una misión conjunta para asegurar el paso seguro de los barcos, en un contexto donde el cierre parcial del estrecho por Irán ya ha ocasionado largas filas en las estaciones de servicio en Asia y un aumento en los costos de transporte a nivel mundial.






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