Decenas de representantes de la diáspora venezolana y cubana, así como partidarios del presidente de EE.UU., Donald Trump, se congregaron este sábado frente a su residencia en Florida para “celebrar y agradecer” la captura del mandatario venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa Cilia Flores, durante la madrugada en Caracas.
“Donald Trump es nuestro libertador del siglo XXI. Antes teníamos un libertador llamado Simón Bolívar, ahora tenemos dos”, declaró a EFE Alan Ender, un vecino de Trump en Palm Beach, donde se encuentra la mansión de Mar-a-Lago.
“No hemos dormido y estamos muy felices. Tengo 23 años y es la primera vez que mi país está en libertad”, expresó Valentina a EFE.
Su madre la acompañaba y ambas admitieron que no habían cerrado los ojos en toda la noche, observando con una mezcla de emoción e incredulidad los bombardeos que las fuerzas armadas estadounidenses llevaron a cabo en Caracas y otros puntos estratégicos.
Los venezolanos, que representaban a la mayoría de los reunidos frente a la casa de Trump, mostraban una cautelosa euforia, acompañada de incertidumbre y temor a celebraciones anticipadas.
“Esto es solo el comienzo. Aún hay chavistas que tendrán que salir”, añadió Ender, uno de miles de venezolanos que residen en el sur de Florida.
Para el exilio cubano, la alegría estaba dirigida hacia lo que esperan que sea el fin del castrismo en la isla.
Con un cartel gigante que decía “Latinos For Trump” y una gorra roja con las letras MAGA en blanco, la cubana Gisela Espinoza afirmó que “esto es el inicio; después saldrá (el presidente Miguel) Díaz-Canel, de Cuba, (Daniel) Ortega, de Nicaragua, y todos los comunistas de nuestro continente”.
“Son 67 años de miseria en Cuba, un país rico, y gracias al liderazgo de Donald Trump y (el secretario de Estado) Marco Rubio, eso está por terminar”, agregó.
El cubanoestadounidense Joaquín Gutiérrez elogió al presidente republicano. “Él es el único que podía hacer esto y le estaré agradecido toda mi vida”. Para él, la captura de Maduro es un paso estratégico para toda la región, ya que “Venezuela es el banco de todos esos criminales”.
Ambos coincidieron en agradecer a Rubio, de origen cubano, “porque es la fuerza detrás de todo esto. Es un gran cubanoamericano que sabe lo que sufrieron sus padres y lo está haciendo por todos nosotros”, enfatizó Espinoza.
No a la guerra
Los venezolanos y cubanos se encontraban en una de las aceras del puente Lake Worth, que desemboca en la mansión de Trump en Palm Beach, mientras un grupo más pequeño alzaba carteles denunciando “la guerra contra Venezuela” y reverberando consignas del movimiento ‘No Kings’ que se ha erigido como la principal fuerza ciudadana en el país contra Trump.
“Lo que hizo Trump en Venezuela no solo es ilegal, sino que es el comportamiento de un dictador”, afirmó Rubén Otegui, un estadounidense de origen latino, quien recordò que aún hay archivos pendientes de publicar sobre el caso del convicto depredador sexual Jeffrey Epstein.
Su compañero Michael Grande enfatizó que las leyes de Estados Unidos requieren que el Congreso autorice operaciones en otros países. “Esto es ilegal. No quiero guerra. Hay que destituir a Trump”.
En ciertos momentos, ambos lados intercambiaron insultos y consignas, lo que llevó a la intervención policial “para proteger a todos y mantener el flujo de tráfico”, explicó un agente.
Doral celebra
Mientras tanto, en Doral, parte de la zona metropolitana de Miami, situada a más de 125 kilómetros al sur de Mar-a-Lago y el epicentro de la diáspora venezolana en EE.UU., cientos de personas lloraban, gritaban y se abrazaban desde la madrugada, compartiendo imágenes en sus teléfonos sobre los acontecimientos en Caracas y declaraciones oficiales de la Casa Blanca y el Departamento de Justicia.
“No voy a estar tranquila hasta verlo con su traje naranja y esposado”, comentó Zuleima Díaz, quien decidió que celebrar con sus compatriotas era más importante que su temor a ser detenida por agentes de inmigración, ahora que su permiso temporal migratorio, conocido como TPS, ha sido eliminado.
Con lágrimas en los ojos, Marisela Suárez, una estadounidense de padres venezolanos de 16 años, confesó que su felicidad es un acontecimiento familiar. “Estoy feliz por mis papás y mis abuelos, que nunca han dejado de soñar con regresar”, afirmó.
creditos de las imagenes de este post: Robertocavada.com