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Cuba atraviesa un apagón histórico y una crisis energética sin precedentes.
El 31 de enero de 2026, Cuba experimentó uno de los apagones más calamitosos de su historia reciente, con hasta el 63 % del país sin suministro eléctrico simultáneamente durante la hora pico de demanda, según la empresa estatal Unión Eléctrica (UNE). Este porcentaje representa el nivel más alto de cortes de electricidad simultáneos desde que comenzaron los prolongados apagones en 2024.
Una crisis eléctrica crónica
Los datos oficiales indican que la capacidad de generación el sábado se situó en aproximadamente 1 160 megavatios (MW) frente a una demanda que superaba los 3 040 MW durante la tarde y noche, generando un déficit cercano a los 1 880 MW. Para evitar un colapso total del sistema, se implementaron desconexiones programadas, afectando a millones de hogares, negocios e instituciones. Este fenómeno no es aislado: los apagones han persistido durante meses, resultado de la combinación de infraestructura envejecida, falta de inversión y escasez de combustible. Ocho de las 16 unidades termoeléctricas que deberían estar en operación están fuera de servicio debido a averías o mantenimiento, mientras que varias plantas auxiliares no funcionan por falta de diésel, fueloil o lubricantes.
Factores que agravan la situación
La crisis energética en Cuba se ha intensificado con la reducción de las importaciones de petróleo, especialmente tras la disminución del suministro venezolano y la suspensión temporal de envíos desde México, que era uno de los pocos proveedores activos. Además, las sanciones y presiones externas han restringido aún más la llegada de combustibles esenciales. El resultado ha sido cortes programados y no programados en varios puntos del país, afectando la vida cotidiana de millones de personas y sectores estratégicos como la salud, el transporte y el comercio.
Repercusiones sociales y económicas
Los apagones prolongados se han convertido en una realidad diaria para los cubanos. Habitantes de grandes ciudades como La Habana han informado cortes que duran horas, mientras que en áreas rurales la electricidad puede estar ausente por mucho más tiempo. La falta de energía complica la conservación de alimentos, el funcionamiento de hospitales y escuelas, además del desarrollo de actividades económicas básicas. El gobierno cubano ha advertido que 2026 será un año “difícil”, con limitadas mejoras técnicas y sin eliminar la amenaza de los apagones debido a la persistente falta de combustible y a la fragilidad del sistema eléctrico nacional.
¿Qué sigue?
A pesar de los esfuerzos por reparar plantas y aumentar las fuentes renovables, tanto expertos como autoridades coinciden en que la crisis energética no se resolverá en el corto plazo. Las perspectivas de recuperación dependen de factores como la llegada de energéticos, inversiones en infraestructura y la estabilidad económica del país.
Mientras tanto, millones de cubanos continúan adaptándose a la nueva normalidad: largos períodos sin luz, reclamos sociales y una creciente incertidumbre sobre el futuro de la nación caribeña.
creditos de las imagenes de este post: Robertocavada.com




