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Abelardo de la Espriella: el fenómeno que transforma la política en Colombia – RC Noticias

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El abogado penalista Abelardo de la Espriella comienza este 7 de agosto una de las irrupciones políticas más veloces en la historia reciente de Colombia. En solo un año, ha pasado de fundar un movimiento propio a convertirse en el primer presidente del país identificado con la ultraderecha, comenzando a dejar su impronta incluso antes de asumir.

La misma puesta en escena que lo acompañó durante la campaña -el saludo militar que utiliza para cerrar sus discursos, los vídeos de estética cinematográfica y el lema de la “Patria Milagro”- también ha marcado las semanas de transición, durante las cuales ha anunciado un profundo cambio político e institucional con el fin de diferenciarse del Gobierno saliente de Gustavo Petro.

Del bufete a la política

Nacido en Bogotá el 31 de julio de 1978 y con profundas raíces en el Caribe colombiano, De la Espriella estudió Derecho en la Universidad Sergio Arboleda y construyó una exitosa carrera como abogado penalista antes de incursionar en la política.

A lo largo de los años, fue conocido por defender a clientes controvertidos como el empresario colombo-venezolano Alex Saab, en prisión en EE.UU., y David Murcia Guzmán, vinculado a la mayor estafa piramidal en Colombia.

Hace dos décadas, participó a través de la Fundación Iniciativas por la Paz (Fipaz) en los diálogos entre el Gobierno de Álvaro Uribe y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), un episodio que resurgió durante la campaña presidencial.

Conocido entre sus seguidores como ‘el Tigre’, cultivó una imagen de empresario exitoso y aficionado al estilo de vida de la ‘dolce vita’.

Su éxito profesional le permitió lanzar el ron Defensor, el vino Fratellone y la línea de ropa masculina Siempre Avanti, además de grabar dos discos como tenor, inspirados en sus raíces italianas. Está casado desde 2008 con Ana Lucía Pineda y es padre de cuatro hijos.

En julio de 2025, decidió entrar en política creando Defensores de la Patria, que este lunes fue reconocido por las autoridades electorales como partido político, convencido de que Colombia enfrentaba, según sus palabras, “las horas más oscuras” bajo el Gobierno de Gustavo Petro.

Lo que comenzó como una aventura personal se convirtió en un fenómeno electoral que desplazó al uribismo como principal referente de la derecha colombiana y lo llevó a derrotar al izquierdista Iván Cepeda en las urnas.

Admirador del presidente de EE.UU., Donald Trump, y con constantes referencias al modelo del mandatario de El Salvador, Nayib Bukele, en materia de seguridad, construyó una campaña centrada en la promesa de restaurar el orden en el país, combatir la delincuencia con “mano de hierro” y transformar a Colombia en una “Patria Milagro.”

La noche de su victoria, celebró rodeado de miles de seguidores en medio de banderas colombianas, música épica, el saludo militar y el grito de “¡Firmes por la patria!”, una escenografía que ha mantenido intacta durante la transición presidencial.

Un presidente a su manera

Si la campaña se centró en la seguridad, las semanas posteriores a las elecciones han estado marcadas por los gestos con los que De la Espriella ha querido anticipar el estilo de su Gobierno.

Aún antes de asumir el cargo, anunció un cambio radical en la política exterior con el restablecimiento de relaciones con Israel y el traslado de la embajada colombiana a Jerusalén, una decisión que contrasta con la política seguida por Gustavo Petro, quien ya anunció que liderará la oposición al nuevo Ejecutivo.

Además, comunicó su decisión de cerrar varias embajadas, incluidas las de Cuba, Nicaragua y Haití, así como consulados abiertos durante la Administración saliente, presentó un gabinete casi completo semanas antes de la investidura y defendió una política exterior centrada en la promoción del comercio y la inversión.

Su intención original era jurar el cargo en un cantón militar de Popayán, capital del departamento del Cauca, como un homenaje a las Fuerzas Armadas, aunque finalmente trasladó la ceremonia a Cali, que albergará por primera vez en la historia una investidura presidencial y a la que no invitó a los expresidentes Ernesto Samper (1994-1998) y Juan Manuel Santos (2010-2018).

A esto se suma otra decisión cargada de simbolismo: anunció que no despachará desde la Casa de Nariño, que pretende convertir en un museo abierto al público, sino desde el Palacio de San Carlos, sede de la Cancillería, ambas en Bogotá, mientras impulsa un proyecto para establecer a Barranquilla como capital alterna de Colombia y allí establecer una sede permanente de la Presidencia.

Sin experiencia previa en cargos públicos, De la Espriella ahora asumirá el desafío de demostrar que el fenómeno político que transformó la derecha colombiana en solo un año puede traducirse también en un Gobierno capaz de responder a un país polarizado, con persistentes problemas de seguridad y con Gustavo Petro listo para liderar la oposición desde el primer día.

creditos de las imagenes de este post: Robertocavada.com

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