Política
Despedida de William Mejía: dramaturgo, poeta y cuentista que eligió cultivar la cultura en la provincia
El gestor cultural, educador y escritor fallecido ejemplificó el intelectual conectado a sus raíces. Fue autor de la novela premiada Una rosa en el quinto infierno, y ganó más de treinta premios literarios.
Por: José Rafael Sosa
SAN JOSÉ DE OCOA. William Mejía deja este mundo tras una extensa carrera literaria, servir como maestro de jóvenes, y promover el cuento, el ensayo y el teatro. Vivió una vida de servicio, solidaridad y promoción del arte.
William Darío Mejía Castillo fue autor de la novela Una rosa en el quinto infierno, ganadora del Premio de Novela del Concurso Nacional de Literatura de la Universidad Central del Este, destacada por su fuerza expresiva.
García recibió el Premio a Mejor Guion del Primer Concurso Nacional de Guion de Cine, convocado por el Ministerio de Cultura, contribuyendo a la obra que se convirtió en la película Biodegradable, dirigida por Juan Basanta.
Entre los premios literarios y reconocimientos de William Darío Mejía Castillo se encuentran el Premio Nacional de Cuento 1981 por Reflexiones, el Premio Nacional de Novela UCE 2000 con Una rosa en el quinto infierno, y varios premios del Concurso Literario de Casa de Teatro en cuento y teatro. Obtuvo cerca de treinta premios en teatro, narrativa y poesía.
William Mejía es considerado uno de los gestores más importantes de nuevos talentos literarios y artísticos, especialmente en teatro, del ámbito provincial del país. Nació en San José de Ocoa y se estableció en Azua. A la capital solo iba cuando era necesario y regresaba al Sur tan pronto era posible.
Desarrolló una labor activa de gestión cultural, impulsando la creación del Centro Cultural Héctor J. Díaz en un lugar central de Azua, fundado como Biblioteca Municipal Athene el 15 de agosto de 1925.
El Centro Cultural Héctor J. Díaz se consolidó como sede de la Escuela de Bellas Artes en 1984, proceso en el cual William Mejía desempeñó un papel preponderante dentro del grupo de una nueva generación de gestores culturales.
El centro es un edificio de dos plantas con un diseño arquitectónico singular en Azua, que incluye biblioteca, salones para clases y talleres, auditorio para presentaciones de cine, teatro y otras artes escénicas, así como un museo provincial de historia.
Este centro fue un segundo hogar para William Mejía, quien se resistió a abandonar la localidad a pesar de las oportunidades profesionales y literarias que ofrecía la ciudad capital.
William fue escritor infantil, profesor en el Liceo José Núñez de Cáceres y se distinguió por impulsar su producción literaria y ser mentor de nuevos creadores en la región sur del país, promoviendo la literatura joven y compartiendo su experiencia.
Con 75 años, William Mejía deja un notable vacío en las letras nacionales, considera la profesora Fanny Santana. Algunos de sus cuentos forman parte de la Coedición Latinoamericana de Cuentos para Niños, auspiciada por Cerlarc y la Unesco. Fue profesor de la Escuela Nacional de Arte Dramático y fundador de clubes culturales en su región.
Bibliografía mínima:
CUENTOS: Reflexiones (1981) y El taladro del tiempo (2005). NOVELAS: Daniel, el guerrillero 201 (1990), Una rosa en el quinto infierno (2001), Naufragio (2005) y Estrella (2007). TEATRO: La trama de San Miguel (1987), Batallando (1989), Encuentro en la astronave (1991), La visión del paladín (1993), Anónimos y realengos (1995), Las espuelas del ministro (2006). ENSAYOS: Ciriaco Ramírez, un héroe marginado (1990) y Causas de las deficiencias en la enseñanza de la lengua española en República Dominicana (1991).
Temperamento de excepción
William Mejía fue un conversador incansable y sabio. Su actitud de lector incansable, su constante búsqueda de actualización sobre arte, la intelectualidad y la actualidad social, así como su prodigiosa memoria, hacían de su compañía un deleite.
Como maestro, ejercía una paciencia y comprensión infinitas ante las peculiaridades de sus alumnos. Su disciplina para escribir, sobre todo en las mañanas, fue un ejemplo para quienes relegan la creación literaria.
Es un alma que probablemente descansa en paz. Afortunadamente, los escritores nunca mueren: reviven cada vez que alguien abre uno de sus libros y vuelve a escuchar su voz en las palabras.
creditos de las imagenes de este post: Robertocavada.com




