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El Maestro de las Reformas: Trump y sus Renovaciones en la Casa Blanca
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha convertido -durante su actual Administración- en el “constructor en jefe” de una renovada Casa Blanca, con numerosos planes de renovación que van desde reemplazar baños que no le gustan hasta planificar un Arco del Triunfo en Washington, además de construir un gran salón de baile financiado por magnates que han apoyado sus campañas.
Desde su regreso al poder en enero pasado, Trump se ha centrado en remodelar la sede del Ejecutivo estadounidense. Un desfile de objetos dorados en cada repisa, chimenea, picaporte de puertas y lámparas -casi idénticas a las de su club privado en Mar-a-Lago, Florida- se hacen evidentes en cada evento público.
“Siempre he sido un constructor y ahora estoy construyendo una nación que es respetada nuevamente”, mencionó Trump esta semana durante una cena que organizó para una veintena de magnates que han decidido financiar, con doscientos millones de dólares, un salón de baile para novecientas personas, en el marco del 250 aniversario de la fundación del país.
Trump afirmó que “siempre habían querido un salón de baile” y bromeó al decir que “no tenían un agente inmobiliario”, refiriéndose a sí mismo como gestor de proyectos. Sobre la costosa construcción, explicó que “es el precio de tener acceso al presidente”, dirigiéndose a donantes a quienes calificó como “leyendas”, entre ellos el petrolero Harold Hamm, un prominente financista de las campañas del republicano.
En esa cena, Trump mostró a sus invitados tres modelos a escala del nuevo monumento que planea construir, el “Arc de Trump”, inspirado en el de París, que se ubicaría al final del puente Memorial que conecta el centro de Washington con Arlington.
El jefe de Estado sugirió que el proyecto podría financiarse con los fondos sobrantes de la renovación del salón de baile. Sin embargo, este proyecto aún necesita superar la aprobación de diversas agencias estatales y no se ha aclarado si las solicitudes han sido presentadas.
En su búsqueda por dejar su huella en la residencia presidencial, en agosto pasado, Trump inauguró el nuevo Jardín de las Rosas, un espacio histórico del ala oeste de la Casa Blanca, construido en 1913 y renovado por la primera dama Jacqueline Kennedy en 1962.
El republicano reemplazó el césped del jardín por piedra, convirtiéndolo en un patio similar al club Mar-a-Lago, donde Trump pasa sus descansos y realiza eventos empresariales.
El nuevo Jardín ha sido utilizado para cenas con aliados y recientemente para otorgar reconocimientos como la Medalla Presidencial de la Libertad, que Trump entregó de manera póstuma al activista ultraconservador, Charlie Kirk, asesinado en septiembre.
Sin embargo, las renovaciones no se han limitado a las áreas comunes; Trump calificó como “no adecuado” el diseño del baño Kennedy de la suite presidencial, se quejó de los tonos verdes y cambió el azulejo de estilo art deco por mármol estatuario, que -según él- ahora “refleja mejor la estética de la época de la guerra civil”.
Las renovaciones dirigidas por Trump han sido objeto de escrutinio público y cuestionamientos sobre la legalidad de sus acciones en la Casa Blanca, así como su método de recaudación de fondos privados para sus planes. No obstante, el mandatario y su Administración se defienden con una ley de 1964 que les otorga permiso para realizar cambios estéticos y estructurales.
El Instituto Americano de Arquitectos manifestó en agosto su preocupación por las renovaciones de Trump, especialmente por el salón de baile, e instó a la Comisión Nacional de Planificación de la Capital a realizar controles rigurosos para garantizar que el proyecto no desvíe ni altere el diseño neoclásico de la Casa Blanca.
creditos de las imagenes de este post: Robertocavada.com




