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La credibilidad de la ONU, nuevamente en entredicho tras la operación militar de Trump.
Naciones Unidas.- La detención de Nicolás Maduro, realizada sin la aprobación del Consejo de Seguridad, así como las nuevas amenazas de Washington sobre Groenlandia, colocan a la ONU ante una de sus crisis más delicadas en años, poniendo en cuestión su papel como garante del orden internacional establecido tras la Segunda Guerra Mundial.
Aparte de las condenas a la violación del principio de soberanía, la operación militar en Venezuela ha resurgido el escepticismo en la ONU acerca de su capacidad para detener las acciones unilaterales de las grandes potencias y asegurar el futuro del sistema multilateral.
“Existe una norma básica en las relaciones internacionales: los Estados no deben atacar ni capturar a los líderes de otros Estados”, afirma a EFE el académico Thomas G. Weiss, de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY).
El especialista indica que muchos gobiernos están “alarmados” por este antecedente, porque “si otros líderes sienten que pueden ser humillados o encarcelados, podrían reaccionar con aggresividad”.
Para los académicos, el asunto no se limita a la operación en sí, sino a lo que implica para la autoridad de la ONU. La acción, ordenada por el presidente Donald Trump con el argumento de combatir el narcotráfico transnacional, se fundó en una interpretación unilateral de la legítima defensa “extremadamente amplia”, según Weiss.
“Lo más preocupante es que EE. UU. alega que tiene derecho a actuar a su antojo en el hemisferio occidental porque lo considera su esfera natural de intereses”, añade.
“¿Qué tipo de organización es esta?”
La magnitud de la crisis se evidenció en la sesión de urgencia del Consejo de Seguridad del lunes pasado, donde el embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, cuestionó abiertamente la legitimidad del organismo.
“Si la ONU otorga el mismo trato, según la Carta, a un presidente democráticamente elegido que a un narco-terrorista ilegítimo, ¿qué tipo de organización es esta?”, expresó.
Y el miércoles, en el contexto de una significativa retirada de organismos multilaterales, Trump firmó una orden ejecutiva para sacar a EE. UU. de 66 organizaciones internacionales y abandonar varios tratados que, en su opinión, van en contra de los intereses nacionales, incluyendo 31 entidades relacionadas con la ONU.
Richard Gowan, director de Diplomacia de la ONU en International Crisis Group, sostiene que la situación es “especialmente grave” porque proviene, una vez más, de la potencia que fue clave en la creación del actual sistema multilateral.
“Cuando la superpotencia que ayudó a fundar la ONU viola obligaciones legales fundamentales, todo el orden basado en la Carta queda profundamente amenazado”, afirma.
Para expertos en derecho internacional como Errol Mendes, de la Universidad de Toronto, las declaraciones de Waltz reflejan el “doble rasero” de Washington al reservarse la autoridad para actuar cuando le plazca, debilitando la credibilidad de la ONU y favoreciendo la narrativa de potencias como China y Rusia.
El derecho internacional como “ficción”
Varios diplomáticos admiten en privado que el clima en la ONU es de creciente desconfianza, mientras Weiss resume ese sentir: “El derecho internacional es como Santa Claus: mientras crees que existe, parece importante; cuando no, desaparece”.
Si Estados Unidos ya no actúa como garante de la Carta, avisa, “muchos Estados dejarán de luchar para defender un sistema que ya no ofrece una protección efectiva”.
“La idea de un orden basado en reglas siempre fue, en parte, una ficción. Todos entendían que EE. UU. y otras potencias podían imponer su voluntad, y aunque convenía mantener la ilusión de que existen reglas, ahora es difícil pretender que esas normas son reales o que hay consecuencias para quienes las violen”, concluye.
Guterres, “silbando al viento”
La ONU tiene un margen de reacción muy limitado. El Consejo de Seguridad, paralizado por el poder de veto, difícilmente puede adoptar medidas vinculantes, y la influencia del secretario general, António Guterres, es mínima, según Weiss.
“Guterres está silbando al viento. Sus palabras tienen poco peso frente a las grandes potencias, y la ONU, con crecientes problemas de financiamiento, está lejos de lo que debería ser”, indica.
También critica la tibieza de algunos Estados, incluidos los europeos, en sus intervenciones en el Consejo, cuando la lógica ‘mercantilista’ de los grandes países hacia los más pequeños vuelve a imponerse y la ONU corre el riesgo de convertirse en “una ficción casi completa”.
EE. UU., argumenta, siempre ha utilizado la ONU “de manera selectiva, como con sus repetidos vetos sobre Gaza o con la invasión de Irak”, aunque “esta administración muestra poco interés en el derecho internacional”.
La ley del más fuerte
El riesgo, coinciden los expertos, es que se normalicen los ataques a líderes o la apropiación de recursos como herramientas usuales de política exterior.
Para Weiss, el momento “nos retrotrae a la militarización que provocaron dos guerras mundiales con más de 50 millones de muertos”.
“Lo que Trump está normalizando es la ley del más fuerte”, concluye.
Mientras tanto, Mendes enfatiza que aunque tanto Rusia como China han criticado la operación, deben estar “complacidos con el precedente”, ya que “les permite cometer violaciones similares en sus esferas de influencia sobre Estados vecinos que consideran vasallos”.
“Cuando la credibilidad del sistema se destruye de esta manera, no está claro que pueda recuperarse”, concluye Weiss.
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